domingo, 3 de febrero de 2013

otro día



Erase una vez un día hace ya mucho tiempo, un día de no recuerdo que estación del año, ni siquiera se de cual, solo conservo la percepción de que han pasado al menos mil años o quizás alguno mas. Pues ese día impreciso en el que aún no me alcanzaban los pies al suelo sentada en una silla, ese en el que los churretes de chocolate me adornaban la cara y asomaban las rozaduras de mis pequeñas rodillas por encima de los calcetines del colegio, ese día fue el primero que cogí una aguja y un poco de hilo.
Como recitando un conjuro mágico observé ambos objetos y justo en el momento de darle el primer uso supe que aquello era un matrimonio para toda la vida.
Me he perdido fiestas, salidas, amores, orden, he dejado de hacer mucho de lo que me hubiera apetecido y me he comprometido con mi oficio mas que nada en este mundo.
He estado horas y horas sin quitar los ojos de mis trapos, me esforzado, he recorrido miles de kilómetros de maneras inverosímiles y he procurado salir a escena como una verdadera princesa a pesar de todo y...¿sabes? No me arrepiento de nada, jamás fui infiel a mi trabajo y se que algún día, no se cuando, no se si pasarán otros mil años o incluso alguno mas, pero tengo la firme convicción de que llegaré lejos
Yo, a día de hoy me siento bien pagada, la experiencia, el camino, las personas...esa es la cosecha mas importante.
Hoy mis amigos se divierten en un lugar maravilloso, mis hermanas comen con mi madre, mis vecinos hacen barbacoas y yo estoy con mi marido, mi trabajo...

Inma Castrejón, la bruja de chocolate

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